La rutina diaria de un bebé de 18 meses
A los dieciocho meses el ritmo es por fin simple: una siesta después de comer, una noche larga. Sobre el papel es el periodo más cómodo desde el nacimiento.
En la práctica, las dificultades que quedan ya casi no son fisiológicas. Ya no se trata de ventanas de vigilia sino de límites: el vaso de agua, el cuento de más, la tercera salida de la cama.
El ritmo, en cambio, ya no pide gran cosa. Una siesta bien colocada a primera hora de la tarde, una hora de acostarse regular, y lo esencial está hecho.